El bosque de las mil manos

El bosque de las mil manos es un proyecto comunitario coordinado y gestionado por la Ampa de una escuela pública, que ha sido posible gracias a la red que se ha tejido entre familias que comparten inquietudes y valoran el entorno en el que se educan sus hijos e hijas. Han conseguido repoblar con especies autóctonas una parcela degradada en las cercanías de su escuela. L@s niñ@s están creciendo mientras aprenden a respetar y cuidar el lugar en el que viven y juegan.

EL CUENTO DEL NENDO DANGO por Jesús Pescador, 2013

En un pueblo del Pirineo vivía una pareja muy amante de la naturaleza. Tuvieron dos gemelos, un niño y una niña, y los llamaron Sol e Ibón. ¿Sabéis que significa Ibón? Es como se llama a los lagos en el Pirineo, los lagos de agua fresca y pura que hay en las montañas.

Los padres tuvieron que irse a otro pueblo, por motivos de trabajo. Era un pueblo seco, casi desértico, en una región muy seca que se llama los Monegros.

Se hicieron amigos de un pastor de ovejas. Éste les contó la historia de los Monegros: se decía que eran unos montes llenos de bosques de sabinas, bosques tan cerrados y espesos que les llamaban Montes Negros, y de ahí venía el nombre de Monegros. Pero hacía muchos años, un rey los mandó cortar para aprovechar la madera para hacer barcos de guerra, y se quedaron secos y desérticos. Sol e Ibón se quedaron muy tristes, pues acostumbrados a los bosques y a la vegetación de los Pirineos, aquel pueblo les parecía demasiado seco y árido.

El pastor fue un día a buscar a los hermanos y les dijo:

Vi que os gusta la naturaleza, y que os da pena que este lugar sea tan desolado. A mí también me da pena. Y si me ayudáis, podemos intentar hacer algo.

Ellos dijeron que sí, el pastor continuó:

Yo tengo la sabiduría de muchos años. Pero ya me falta la fuerza. Pero tú, Sol, tienes la fuerza de la luz y del calor. Tú, Ibón, tienes la energía del agua que da la vida. Juntos podemos hacer de este desierto un pequeño bosque.

Esto que os voy a contar os sonará. El pastor los llevó a su casa, donde tenía preparadas un montón de semillas, tierra y arcilla; así que entre los tres, hicieron unas cuantas bolitas de arcilla con las semillas, esperaron unos días y las fueron a plantar al monte.

Y esto ya no os suena todavía, pero os sonará pronto. Al cabo de unas semanas, empezaron a salir hierbas. Como era otoño, llovió algunas veces, y las hierbas crecían rápidamente. Los niños visitaban a menudo el campo con el pastor, e iban aprendiendo los nombres de las plantitas: esas son retamas, ese es tomillo, con las hojas tan pequeñitas, esas hojas largas y planas son de romero… Faltaba ponerle un nombre al bosque, les dijo el pastor, pero eso lo haremos un día especial.

En primavera, el pastor les dijo que si querían volver a echar bolas de semillas. Ellos dijeron que sí, pero el pastor les dijo que si querían hacer un bosque frondoso, sería mejor estar más gente, y los niños hablaron con sus amigos.

Los dos niños se convirtieron en más de veinte en la plantación de primavera, y algunos padres los acompañaron. Las plantas habían crecido más, y aquello empezaba a parecer un pequeño oasis, un bosque naciente. Y también vieron los primeros retoños de árboles: el pastor les dijo que ya habían salido las primeras encinas y los primeros robles de lo que sería el nuevo bosque. Entre todos los niños habían hecho cientos de bolas de arcilla con semillas, y las esparcieron alrededor del terreno ya plantado, para ir ampliando la zona. Era como cuando echas una piedra en el centro de un estanque, y las ondas comienzan a expandirse; las ondas verdes, de vida y de frescor, se extendían en medio de aquella zona seca y desértica.

El otoño siguiente, organizaron una nueva siembra; pero se había corrido la voz de que los niños de aquel pueblo estaban creando un bosque, y llegaron otros niños de otros pueblos cercanos, amigos, primos … Se juntaron más de cincuenta niños con sus padres, hicieron cientos de bolas de arcilla, y las sembraron en una zona tan grande como un campo de fútbol. Después de terminar la siembra, el pastor llamó a Ibón y a Sol, y les dijo algo al oído. Ellos dijeron que sí, y el pastor, pidió silencio, y habló.

Dijo:

Hace un año, esta zona era un desierto. Ibón y Sol me ayudaron y empezamos a plantar. Ahora, con su ayuda y con la de todos vosotros, estamos creando un pequeño bosque. Es el momento de ponerle nombre. Con Ibón y con Sol, hemos pensado un nombre. A ver si os gusta.

Ibón y Sol, dijeron: este bosque se llamará el bosque de las mil manos. Porque lo estamos haciendo entre todos, y nos pertenece a todos nosotros. Y cuantas más manos seamos para seguir plantando y cuidándolo, será un bosque más hermoso y grande. Así que se llamará así: el bosque de las mil manos.

Y el pastor dijo: Ahora, quiero que las mil manos que estamos aquí le demos un aplauso a Ibón y a Sol, que fueron las primeras manos en ponerse manos a la obra.

Y después de aplaudir a Ibón y a Sol, comenzó la plantación. Y ahora, el pastor, Sol e Ibón ya estaban seguros de que aquel monte desértico sería en pocos años un bosque frondoso: El Bosque de las Mil Manos.

Manos_1erPremio

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Un comentario en “El bosque de las mil manos

  1. Muchas gracias por divulgar nuestro proyecto y el precioso cuento que creo un padre del AMPA para amenizar y difundir la actividad. Este año se ha creado y presentado durante las fiestas del Pilar un cabezudo del duende del bosque de las mil manos

    http://www.heraldo.es/noticias/suplementos/fiestas_del_pilar/2015/10/15/dos_nuevos_cabezudos_colegio_ramon_sainz_varanda_566181_1711024.html

    Lo más importante de este cuento y este proyecto son los valores que queremos promover tanto de protección del medioambiente como sobre todo de la importancia del trabajo comunitario. Por muy difícil que sea un objetivo, cuantas más personas se impliquen en él, con ilusión, será más fácil lograr este y los próximos que el grupo se marque.
    Es una metafóra del trabajo que desarrollan las AMPAS.

    Mi duda es si este trabajo podrá seguir siendo tan intenso si se modifica la jornada actual, por una jornada continua. De hecho, en mi centro, cuya actividad es muy elevada tanto en extraescolares, actividades de convivencia como en actos reivindicativos, se observa una reducción a la mínima expresión durante los meses de junio o septiembre.

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